Escribo esto desde mi historia personal por ser víctima de abuso sexual en la infancia y por todo lo aprendido de haber compartido experiencias durante tiempo en grupos de autoayuda. Quiero escribir cosas que me parecen importantes decir ya a la sociedad en general para poder ofrecer una ayuda certera y oportuna a la infancia en caso de abuso sexual.
Este es un tema incómodo, lo era hace 35 años cuando me ocurrió a mi y lo sigue siendo a día de hoy. Las personas adultas no quieren reconocer que ese vecino majo, que ese primo con vida estable y familia, que tu padre que siempre es generoso y tiene palabras amables son pederastas. Primero porque la imagen de alguien a quien aprecias o incluso quieres, violando a una niña o niño es bestial y otra porque el sentimiento de culpa que te embriaga tras una noticia así es paralizador. Pero, ¿sabes qué? Que eres una persona adulta, supéralo y ponte las pilas porque tú sí tienes herramientas para procesarlo y la infancia no. Luego podrás ir a terapia si lo necesitas, de hecho, es recomendable que lo hagas, pero no eres ni el foco ni el centro cuando están abusando de un menor en tu entorno. Y creo que mirar para otro lado, el no poder creer lo que estás viendo de reojo o ignorar con fuerza lo que tu instinto te está gritando, es en gran medida culpa de no querer aceptar lo cotidiano y abundante que es el abuso sexual infantil.
¿Cuántas noticias más se necesitan? ¿Cuántos casos? Cada día donde mires con los ojos abiertos podrás ver a una víctima. Es muy muy habitual, joder, y que sea algo horrible y no quieras afrontarlo no lo hará desaparecer. Que tú creas o no que esto ocurre cerca de ti no hará que no ocurra. Ocurre a pesar de ti. De hecho, de esa falta de valentía, de ese miedo a señalar, de ese pudor cobarde se aprovechan los pederastas. Porque los violadores de niñas y niños saben de esto, saben que nadie pensará así de ellos porque están muy bien integrados, son funcionales y además queridos. Saben que la sociedad sigue echándose las manos a la cabeza cuando oyen de un nuevo caso como si fuera algo excepcional y no la norma. Y además saben con total certeza que la gente teme la bomba expansiva que produce una noticia así y prefieren, ante un hecho tan grave, callar, disimular y no poner en riesgo la estabilidad personal o familiar.
El daño que un menor sufre tras una agresión sexual por el propio hecho es indescriptible pero el vacío, la sensación de abandono tan profundo, desolador e irreparable, de eso, de eso no se habla. Del daño y la soledad que se arrastra para el resto de la vida cuando quienes debían cuidarte de tu agresor, fallan.
Porque que exista cerca de ti un hombre inhumano que te haga daño puedes llegar a entenderlo pero que tu entorno no actúe, actúe tarde o directamente quisiera silenciarlo, para eso, para eso no hay respuestas que consuelen o reparen. No hay nada que alivie la sensación que te deja la certeza de saber que cuidaron de ellos mismos antes que de ti, que se cuidaron de quedar mal por acusar, que la familia se rompe y es por tu culpa…
Gente, hay que despertar ya, hay que dejar de cuidar el posible daño al honor del agresor por encima de la integridad y seguridad de la infancia. En esa reunión distendida, familiar o no, agradable y entre amigos, si algo te chirría, si algo no te cuadra, si llama tu atención que esa mano esté demasiado cerca pero sin llegar a tocar… Te lo pido por favor, confía en ti, en tu bagaje, en todo lo que ya sabes sobre el mundo que habitamos, en tus experiencias y sobre todo confía en que la violencia sexual a la infancia ocurre en cada jodido rincón de la sociedad. Que no son monstruos, que están compartiendo la vida contigo.
Confía en tu instinto y protege, se te necesita alerta y dispuesta.
